¿Mala suerte o buena suerte? ¡Quién sabe!


gato y trebol“Una historia china habla de un anciano labrador que tenía un viejo caballo para cultivar sus campos. Un día, el caballo escapó a las montañas. Cuando los vecinos del anciano labrador se acercaban para condolerse con él y lamentar su desgracia, el labrador les replicó: ¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe?

Una semana después, el caballo volvió de las montañas trayendo consigo una manada de caballos. Entonces los vecinos felicitaron al labrador por su buena suerte. Este les respondió: ¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?

Cuando el hijo del labrador intentó domar uno de aquellos caballos salvajes, cayó y se rompió una pierna. Todo el mundo consideró esto como una desgracia. No así el labrador, quien se limitó a decir: ¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe?

Una semana más tarde, el ejército entró en el poblado y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones. Cuando vieron al hijo del labrador con la pierna rota le dejaron tranquilo. ¿Había sido buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?

Lejos del enfoque religioso que proponía el autor de este cuento, Anthony de Mello, me gustaría proponer una reflexión acerca de cómo distribuimos dos recursos muy valiosos y limitados, como son nuestro tiempo y nuestra energía. Para ello emplearé dos planos temporales distintos:

En primer lugar ¿Cómo poder interpretar algo que nos sucede tomando sólo una pequeña parte de la historia? La vida es mucho más que una suma de fragmentos, es un todo. Por bueno o malo que puntualmente parezca un acontecimiento, no sabremos como termina la historia hasta que en el largo plazo tomemos perspectiva y ‘unamos los puntos’, como decía Steve Jobs en su discurso de Stanford.

Por otro lado, ¿Qué hubiera pasado si el campesino del cuento se hubiera desgañitado quejándose, lamentándose, auto-compadeciéndose, buscando culpables, dándole una y mil vueltas a su mala suerte, contándose una y otra vez la historia de cómo el caballo se escapó… ?¿Habría conseguido así que este volviera, o que no se le escapase más?

Nos pasarán algunas cosas que no dependerán de nosotros, y estas podrán ser tanto buenas como malas, no podremos elegirlas. Mientras tanto, en el corto plazo, lo que nosotros sí podemos elegir es qué hacemos con ellas y dónde ponemos el foco de nuestras acciones y preocupaciones. 

De todas las cosas que existen en el mundo, si incluimos dentro de un círculo todas aquellas que nos afectan de algún modo, obtendremos nuestro ‘Círculo de preocupación‘. Si dentro de este círculo grande, seleccionamos sólo aquellas cosas sobre las que tenemos algún control o posibilidad de cambiar y las incluimos dentro de otro círculo, definiremos nuestro ‘Círculo de influencia‘. Nos quedarán así dos círculos concéntricos.

Influencia_Preocupación

Stephen R. Covey, Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva

Los protagonistas o actores, centran sus esfuerzos en su Zona de Influencia, creando un flujo de acción positivo, proactivo, controlable por ellos mismos, de motivación al cambio, de búsqueda de soluciones y crecimiento: ¿Ante esta situación qué puedo hacer yo?

Por el contrario, las víctimas  centran sus esfuerzos en la Zona de Preocupación, lo que provoca sentimientos de culpa, acusaciones, lenguaje reactivo e impotencia. El espíritu de esta posición es transferir a otros o a las circunstancias nuestras responsabilidades y eludir nuestro compromiso, poniendo nuestra atención y recursos en el lugar equivocado: ‘Si no hubiera crisis…’

Los límites entre estos círculos no son estáticos, sino que se expanden y se contraen, según dónde decidamos poner nuestro foco y nuestros recursos ante una situación dada. Si elegimos ser proactivos, ubicaremos nuestros esfuerzos en el área de las cosas sobre las que podemos influir, ampliando nuestro círculo de influencia. Si por el contrario, optamos por ser reactivos, nos centraremos en las cosas que no podemos cambiar, restando recursos y desatendiendo los asuntos en los que podríamos estar solucionando algo, con lo cual nuestro círculo de influencia se encogerá mientras que se expande el de preocupación.

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¿Dónde tienes puesto el foco?

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6 comentarios en “¿Mala suerte o buena suerte? ¡Quién sabe!

  1. Ana, qué post tan interesante. Qué cierto lo que explicas, que para mí relaciona mucho con la verdadera libertad del ser humano: nadie puede despojarnos de nuestra forma de interpretar las cosas, de lo que decidimos hacer con nuestras circunstancias (sobre las que muchas veces tenemos una influencia pequeña). Pasar de ser víctima a actor es un salto en el vacío, aterra porque, ¿a quién podemos culpar entonces de nuestras desdichas? Es un ejercicio de auténtica madurez e integridad… tan difícil y tan necesario si queremos vivir con SENTIDO.
    Me encanta leerte virtualmente, un abrazo,
    Laura
    http://www.todoloquenoseve.es

    1. “Si no eres parte del problema, no puedes ser parte de la solución” Cambiar la culpa por la responsabilidad puede generar espacio para múltiples opciones nuevas 🙂

      Un abrazo y muchísimas gracias Laura!

      Ana

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